Sólo me han bastado tres acordes para empezar a sonreírte,
la melodía casi me embriaga
y el sonido de tu risa demasiado cerca de la mía a llegado a nublarme la visión.
El frío de mis manos delataba sorpresa,
el de tu cuerpo se convertía en emoción.
Lo expectante de la noche,
casi seguro,
tu y yo...
Y de repente volvió a sonar mi canción,
has clavado tus ojos en los míos,
yo intentando ahuyentar a la razón...
He de confesarlo casi sin remordimiento,
aunque mañana la resaca de estos litros de agua hallan borrado los recuerdos difusos de la noche, demasiado oscura pero a tu lado;
que lo único que me hubiese cautivado habría sido el calor de tus labios.
Ni demasiado cerca ni tan lejos, en silencio y alzando la voz...
Quizás ahora yo podría entonar alguna canción.
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31 de marzo de 2007
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